La serpiente esta mudando de piel. El viejo sistema internacional está dando paso al Nuevo Orden Mundial para el siglo XXI. Donald Trump es el encargado de derribar las últimas piedras del muro de Berlín que todavía quedaban en pié tras su demolición a finales del siglo pasado,  y con ello hacer saltar por los aires el status quo que ha dominado el mundo durante las últimas décadas.

Pronto veremos como el actual presidente de EEUU ejerce de capataz de las élites globalistas y realiza el trabajo sucio de desmontar definitivamente el antiguo régimen a través del caos, el colapso del sistema financiero y la extensión de la guerra mundial híbrida. Pronto no quedara nada de todo aquello que hemos conocido. Todo se lo habrá llevado el viento de la mano de un Cesar populista americano engañosamente antimundialista, convertido en referente de los líderes populistas europeos en alza, aliado de conveniencia del Zar Vladimir Putin y enemigo circunstancial de Xi Jinping, el nuevo Emperador de China.

Si creemos que ese escenario es plausible, cabe preguntarse en qué se convertirá la serpiente después de la fase transitoria de caos y de gran tribulación, es decir, después de la muda de su piel.

El Nuevo Orden Mundial será tecnológico o no será. De ese modo, el próximo presidente de los Estados Unidos que conduzca a la “nueva humanidad” por los caminos de la hipermodernidad, de la revolución de la superinteligencia y de la sociedad posthumana podría ser Mark Zuckerberg, el cofundador del influyente imperio global de Facebook que maneja ya los datos de 1.800 millones de personas en todo el planeta.

Estas últimas semanas empezamos a recibir noticias sobre las ambiciones de Zuckerberg de convertirse en un líder mundial. El hasta ahora director ejecutivo de la poderosa compañía tecnológica empieza a actuar como un político, anuncia que la religión es muy importante para el e incluso tiene previsto reunirse próximamente con científicos y profesores universitarios a través de su viaje a lo largo y ancho de Estados Unidos durante el 2017. Tal vez algunos de esos investigadores y tecnólogos causen buena impresión a Zuckerberg y resulten ser los miembros de su futuro  gobierno noocratico.

En algunos ámbitos de las llamadas minorías creativas ya se empieza a tener consciencia de la influencia que está ejerciendo la ideología del transhumanismo en la construcción de esa noocracia global.

Desde Silicon Valley – epicentro de la globalización tecnológica y templo de la nueva religión dataista con influencia espiritualista New Age – se irradian las ideas sobre el advenimiento mesiánico de la Singularidad, el mejoramiento humano para alcanzar la condición de Homo Deus, la evolución de la vida sintética en competencia con la vida orgánica, la entronización de la inteligencia artificial, la creación de ciborgs y de seres transhumanos con diversas identidades de género,  la consecución de la inmortalidad cibernética y otras ideas y proyectos sobre el futuro del ser posthumano. Realmente se está construyendo el nuevo orden global ante nuestros ojos sin que la mayoría de la humanidad comprenda muy bien lo poderosa que se está convirtiendo la serpiente.

Y es que la autentica clave del Nuevo Orden Mundial que se está dirimiendo en estos momentos no radica únicamente en cómo se organizará económica y geopolíticamente la globalización, sino en qué se convertirá la especie humana y qué efecto tendrá esa transformación sobre la conciencia de los individuos y de la humanidad.

Estamos pues en el momento más crucial de la historia humana y lo que se está poniendo en juego no es lo que haremos o dejaremos de hacer, sino lo que SEREMOS de ahora en adelante.

Los viejos políticos – incluyendo a algunos miembros de la llamada “nueva política” – y los poderes económicos internacionales, en estos momentos de “muda de la piel” del sistema, están  contribuyendo a poner los fundamentos de esa nueva etapa de la civilización planetaria.

Proyectos como la renta básica incondicional y universal, la sustitución de todo el dinero en efectivo del actual sistema financiero por dinero electrónico controlado por una arquitectura algorítmica en donde la inteligencia artificial dominará los mercados financieros, la expansión de los smartphones y en breve la implantación de los chips RFID en las personas, como si de la marca de la Bestia se tratara, las cada vez más adictivas y a veces alienantes formas de entretenimiento virtual, la instauración de una cultura del mejoramiento humano, la carrera hacia unas capacidades aumentadas biotecnológicamente sustentada en una ilimitada autonomía del individuo, la instauración del derecho a decidir sobre el diseño humano, la artificialización de la biosfera y de la noosfera, la extensión de las pseudoespiritualidades, la instauración de una noocracia no democrática, etc. deberían hacernos tomar consciencia de los auténticos desafíos que debemos abordar en estos momentos.

Cuando la serpiente muda la piel es el momento de actuar de forma contundente antes de que nos inocule su veneno mortal.

Tal vez Zuckerberg substituya a Trump o tal vez no.  No obstante, de lo que si podemos estar seguros es que la Globalización seguirá su agenda de la mano de los cambios tecnológicos disruptivos y exponenciales que se nos avecinan.

Estamos a punto de tomar las riendas de nuestra evolución como seres vivos y eso va a exigir grandes dosis de responsabilidad equiparable a nuestro grado de conocimientos, autonomía y libertad.

Si seguimos interesados en la pervivencia del proyecto humano, los ciudadanos de estos tiempos inciertos tenemos muy poco tiempo (tal vez menos de una década) para que desde la inteligencia colectiva y la resistencia global evitemos aquello que no deseamos que suceda y que no nos conviene.

Aunque posiblemente de forma libre y voluntaria muchos preferirán dejarse seducir por el “seréis como dioses”, comerán inconscientemente de la fruta del Árbol del Conocimiento, no se conectaran al Árbol de la Vida, desatenderán los signos espirituales del mensaje reencontrado en la Sabiduría universal y perderán la posibilidad de regresar inmortales al jardín del Edén.

Necesitamos pues un humanismo avanzado que nos capacite para transitar de forma responsable por la nueva sociedad biotecnológica. Hemos de mantener la esperanza de que lo vamos a hacer bien y sabiamente.

Barcelona, 21 de enero de 2017

ALBERT CORTINA. Abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM. Coautor y coordinador de los libros ¿Humanos o Posthumanos? (Fragmenta Editorial, 2015), Humanidad ∞ (Ediciones Internacionales Universitarias, 2016) y Singulares (Ediciones Internacionales Universitarias, 2016).

 

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Albert Cortina
ALBERT CORTINA es abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM. Profesor e investigador en ética aplicada al urbanismo y a la ordenación del territorio en la Universidad Autónoma de Barcelona y en la Universidad Politécnica de Cataluña. Consultor en hábitat humano, inteligencia ambiental y biomimética, promueve planes y estrategias para la ciudad y el territorio, procesos de gobernanza e innovación social, así como proyectos de conservación de la naturaleza, custodia del territorio y gestión del paisaje. Dinamizador de espacios para la gestión de ideas y valores inspirados en un humanismo avanzado, una ecología integral y una ética global que favorezcan la construcción de un futuro en el que las tecnologías emergentes NBIC estén al servicio de las personas, de la biosfera y de la noosfera y no a la inversa. Impulsor del proyecto Hábitats (+) Humanos y del proyecto Singulares, Mejores y Diversos. Entre otras publicaciones, es coautor y coordinador junto con el cientifico Miquel-Àngel Serra de los siguientes libros: ¿HUMANOS O POSTHUMANOS? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano (Fragmenta, 2015), HUMANIDAD ∞. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes (EIUNSA, 2016) y SINGULARES. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional (EIUNSA, 2106 ).

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