Autor: Albert Cortina

Transformación y restauración de la naturaleza humana

Pese a que el transhumanismo es un movimiento que incluye orientaciones muy diversas, esta ideología emergente propia de la actual revolución cultural de la hipermodernidad, bien podría ser caracterizada como la búsqueda del mejoramiento humano (físico, mental, moral) mediante procedimientos tecnológicos, fundamentalmente a través de las biotecnologías, de la robótica y de la inteligencia artificial.

En su versión más radical, este nuevo mesianismo tecnológico promueve el advenimiento de una especie posthumana, es decir, la extinción del sujeto común humano para llegar a una entidad con unas características excepcionales que lo situarían por encima del resto de criaturas. El “nuevo hombre” y la “nueva humanidad” alcanzarían esa condición posthumana gracias a las biotecnologías emergentes una vez se manifieste la Singularidad, fenómeno que los transhumanistas predican que acontecerá con la irrupción de la Superinteligencia, un momento claramente disruptivo en la evolución biocultural del ser humano y en la historia de la humanidad.

Las promesas que se hacen en nombre del transhumanismo/posthumanismo son muy ambiciosas, tales como la victoria final sobre la muerte; y algunas de ellas resultan sumamente inquietantes. Se pretende, al fin y al cabo, tomar las riendas de nuestra propia evolución y, con ello, culminar un proceso de artificialización de toda la naturaleza.

Mejoramiento humano (Exposición +H en el CCCB)
Mejoramiento humano (exposición en el CCCB)

Por todo ello, cada vez resulta más necesario tomarse en serio el discurso transhumanista y reflexionar sobre su verdadero alcance y sobre los presupuestos que encierra.

Como señala el filósofo español Antonio Diéguez, una parte muy significativa de los críticos del transhumanismo han basado sus objeciones en la tesis de que existe alguna propiedad fundamental de los seres humanos (de origen natural o no, según los autores) que impone límites estrictos a lo que puede legítimamente hacerse con ellos, como el carácter donado de la vida y la ética que de ello se sigue (Sandel 2007), o la inviolabilidad de una naturaleza humana que se considera sustento de nuestra dignidad como personas y condición básica de nuestra existencia como seres morales que se comprenden a sí mismos como tales (Fukuyama 2002, Habermas 2002).

+ Humanos (exposición en el CCCB)
+ Humanos (exposición en el CCCB)

Sin embargo, en opinión de Diéguez, el problema principal que presentan estas críticas basadas en la transgresión de un supuesto “orden natural”, es que no pueden ser atendidas por los que no creen en la existencia de ese orden prefijado en lo concerniente a lo humano, o no encuentran ningún sentido plausible a las expresiones ‘ir contra la dignidad humana’, o ‘desconsiderar el carácter donado de la vida’. Y, obviamente, sería difícil encontrar a un partidario del transhumanismo, que piense que estas expresiones designan algo objetivable.

Desde la perspectiva transhumanista, lo que está en discusión es precisamente que haya un orden natural inviolable, o una naturaleza humana estable y con carácter normativo.

El transhumanismo como un nuevo gnosticismo tecnológico
El transhumanismo visto como un nuevo gnosticismo tecnológico

Es por eso que en mi opinión, la filosofía basada en el humanismo integral, la doctrina social de la Iglesia Católica y la teología cristiana deberían en este momento estar disertando sobre qué cambios sufrirá la naturaleza humana con la llegada del Milenio y cómo desde la cosmovisión cristiana se entiende que la persona humana misma será restaurada, cuasi recobrando así el estado primigenio: “Todos seremos transformados” (I Cor 15, 51).

Transformado
Transformados

Últimos tiempos y recopilación de todas las cosas en Cristo

La mayoría de las personas que sostienen una cosmovisión cristiana de la historia de la humanidad identifica equivocadamente los “Últimos Tiempos” con el “Fin del Mundo”. Según Alberto Villasana, teólogo, filósofo y humanista mexicano, esto se debe no solo a que la palabra “último” evoca lo postrero y más remoto, sino a que en occidente prevaleció la interpretación post-agustiniana en la que no se explicaba la concreción de que Jesucristo vaya a reinar por “mil años” en este mundo.

Para Villasana, el inicio de esa confusión se debe precisamente a San Agustín ya que en su obra “La Ciudad de Dios” el gran teólogo cristiano tratando de combatir la herejía de Cerinto, espiritualizó tanto el Reino de Cristo, que llevó a que sus intérpretes confundieran el Fin de los Tiempos con el Fin del Mundo, y el Reino de Cristo con el Cielo.

San Agustín - La Ciudad de Dios
San Agustín – La Ciudad de Dios

Por el contrario, los primeros Padres de la Iglesia concebían los Últimos Tiempos como el período de purificación que precede al retorno glorioso de Cristo, quien volverá para derrotar el mal y reinar en el mundo por un período de tiempo amplio.

De este modo, en su Primera Venida, Cristo se manifestó como Rey del Universo y Redentor de toda la humanidad de forma humilde, como un niño pequeño nacido en un sencillo pesebre.  En ese momento singular de la història, Jesucristo propuso su Reino de Amor desde la Cruz (también llamada Árbol de la Vida), es decir, desde un “trono” exento del poder mundano que habitualmente atribuimos a la realeza. En la Cruz, Cristo Rey del Universo hizo entrega desinteresada de su Persona Divina-Humana a Dios Padre para restaurar en comunión con el Espíritu Santo a la Creación entera de su degradación y redimir así al ser humano del pecado y de la muerte ocasionada por la caída original.

Jesucristo – el nuevo Adán –  abrazó de este modo amorosamente con sus brazos extendidos en cruz a toda la humanidad para ofrecer ese sacrificio al Padre cumpliendo así su misión de Salvador de todo el género humano. Una cruz que coincide con el signo matemático de la suma y que por ello, es bonito pensar que desde la entrega por amor desinteresado nos hizo +humanos.

Cristo de Velazquez
Cristo Rey del Universo en la Cruz

En cambio, en su Segunda Venida, Cristo se manifestará en toda su Gloria como Rey del Universo para hacer nuevas todas las cosas y restaurar la Creación.

Cristo Rey del Universo
Cristo Rey del Universo en su Gloria

En este sentido, para Villasana los Últimos Tiempos resultan ser “el periodo de la siega donde el trigo y la cizaña son separados después de haber crecido juntos a lo largo de la historia. Los Últimos Tiempos son la purificación global antes del Retorno de Cristo. Son el final de la historia humana como la conocemos hasta ahora, antes de que el mundo y la naturaleza humana sean completamente renovados, cumpliéndose así el designio original de Dios”.

Las palabras de San Mateo sobre ese periodo de purificación global “como no la ha habido ni la habrá jamás”, referidas a la Gran Tribulación (Mt 24, 21), infieren claramente según el profesor Villasana que la historia humana continuará después de los Últimos Tiempos y que una purificación de este tipo no volverá a suceder.

La Gran Tribulación
La Gran Tribulación

Sorprendentemente, el Papa San Juan Pablo II rescató la interpretación original sobre los Últimos Tiempos cuando, en una de las primeras catequesis de este milenio (14.02.2001), al analizar el Apocalipsis a la luz del gran teólogo San Ireneo, Padre de la Iglesia del siglo II, explicó que la “recapitulación” de todas las cosas en Cristo se realizará en esta historia y en esta Tierra, si bien totalmente transformadas.

San Juan Pablo II y Ntra. Señora del Rosario de Fátima
San Juan Pablo II y Ntra. Señora del Rosario de Fátima

Por su enorme interés en estos tiempos inciertos y de gran confusión, reproducimos a continuación las palabras de San Juan Pablo II en la audiencia general del 14 de febrero de 2001:

“1. El plan salvífico de Dios, “el misterio de su voluntad” (Ef 1, 9) con respecto a toda criatura, se expresa en la carta a los Efesios con un término característico: “recapitular” en Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra (cf. Ef 1, 10). La imagen podría remitir también al asta en torno a la cual se envolvía el rollo de pergamino o de papiro del volumen, en el que se hallaba un escrito: Cristo confiere un sentido unitario a todas las sílabas, las palabras y las obras de la creación y de la historia.

El primero que captó y desarrolló de modo admirable este tema de la “recapitulación” fue san Ireneo, obispo de Lyon, gran Padre de la Iglesia del siglo II. Contra cualquier fragmentación de la historia de la salvación, contra cualquier separación entre la Alianza antigua y la nueva, contra cualquier dispersión de la revelación y de la acción divina, san Ireneo exalta al único Señor, Jesucristo, que en la Encarnación une en sí mismo toda la historia de la salvación, a la humanidad y a la creación entera: “Él, como rey eterno, recapitula en sí todas las cosas” (Adversus haereses III, 21, 9).

San Ireneo de Lyon. Obispo y escritor. Padre de la Iglesia
San Ireneo de Lyon. Obispo y escritor. Padre de la Iglesia

2. Escuchemos un pasaje en el que este Padre de la Iglesia comenta las palabras del Apóstol que se refieren precisamente a la recapitulación en Cristo de todas las cosas. En la expresión “todas las cosas” -afirma san Ireneo- queda comprendido también el hombre, tocado por el misterio de la Encarnación, por el que el Hijo de Dios “de invisible se hizo visible, de incomprensible comprensible, de impasible pasible, y de Verbo hombre. Él ha recapitulado en sí todas las cosas para que el Verbo de Dios, como tiene la preeminencia sobre los seres supracelestes, espirituales e invisibles, del mismo modo la tenga sobre los seres visibles y corporales; y para que, asumiendo en sí esta preeminencia y poniéndose como cabeza de la Iglesia, pueda atraer a sí todas las cosas” (ib., III, 16, 6). Este confluir de todo el ser en Cristo, centro del tiempo y del espacio, se realiza progresivamente en la historia superando los obstáculos y las resistencias del pecado y del maligno.

3. Para ilustrar esta tensión, san Ireneo recurre a la oposición, que ya presenta san Pablo, entre Cristo y Adán (cf. Rm 5, 12-21): Cristo es el nuevo Adán, es decir, el Primogénito de la humanidad fiel que acoge con amor y obediencia el plan de redención que Dios ha trazado como alma y meta de la historia. Así pues, Cristo debe eliminar la obra de devastación, las horribles idolatrías, las violencias y todo pecado que el rebelde Adán diseminó en la historia secular de la humanidad y en el horizonte de la creación. Con su plena obediencia al Padre, Cristo inaugura la era de paz con Dios y entre los hombres, reconciliando en sí a la humanidad dispersa (cf. Ef 2, 16). Él “recapitula” en sí a Adán, en el que toda la humanidad se reconoce, lo transfigura en hijo de Dios y lo vuelve a llevar a la comunión plena con el Padre. Precisamente a través de su fraternidad con nosotros en la carne y en la sangre, en la vida y en la muerte, Cristo se convierte en “la cabeza” de la humanidad salvada. Escribe también san Ireneo: “Cristo recapituló en sí toda la sangre derramada por todos los justos y por todos los profetas que existieron desde el inicio” (Adversus haereses V, 14, 1; cf. V, 14, 2).

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí
El Cristo de San Juan de la Cruz – Salvador Dalí

4. El bien y el mal, por consiguiente, se consideran a la luz de la obra redentora de Cristo. Como insinúa san Pablo, la redención de Cristo afecta a la creación entera, en la variedad de sus componentes (cf. Rm 8, 18-30). En efecto, la naturaleza misma, sujeta al sinsentido, a la degradación y a la devastación provocada por el pecado, participa así en la alegría de la liberación realizada por Cristo en el Espíritu Santo.

Así pues, se delinea la realización plena del proyecto original del Creador: una creación en la que Dios y el hombre, el hombre y la mujer, la humanidad y la naturaleza estén en armonía, en diálogo y en comunión. Este proyecto, alterado por el pecado, lo restablece de modo admirable Cristo, que lo está realizando de forma misteriosa pero eficaz en la realidad presente, a la espera de llevarlo a pleno cumplimiento. Jesús mismo declaró que él era el fulcro y el punto de convergencia de este plan de salvación, cuando afirmó: “Cuando sea elevado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12, 32). Y el evangelista san Juan presenta esta obra precisamente como una especie de recapitulación, un “reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Jn 11, 52).

5. Esta obra llegará a su plenitud al concluir la historia, cuando, como recuerda san Pablo, “Dios será todo en todos” (1 Co 15, 28).

La última página del Apocalipsis, que se ha proclamado al inicio de nuestro encuentro, describe con vivos colores esta meta. La Iglesia y el Espíritu esperan e invocan ese momento en el que Cristo “entregará a Dios Padre el reino, después de haber destruido todo principado, dominación y potestad. (…) El último enemigo en ser destruido será la muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajo los pies” de su Hijo (1 Co 15, 24-27).

Apocalipsis
Apocalipsis

Al final de esta batalla, cantada en páginas admirables por el Apocalipsis, Cristo llevará a cabo la “recapitulación” y los que estén unidos a él formarán la comunidad de los redimidos, que “ya no será herida por el pecado, por las manchas, el amor propio, que destruyen o hieren a la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica, en la que Dios se manifestará de modo inagotable a los elegidos, será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua” (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1045).

La Iglesia, esposa enamorada del Cordero, con la mirada puesta en aquel día de luz, eleva la invocación ferviente: “Marana tha” (1 Co 16, 22), “¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22, 20)”.

Maranhatá
Maranata

Tal y como afirma Alberto Villasana, según el Apocalipsis, el Juicio final y definitivo se dará, sí, al final de la historia humana, pero la Parusía o Retorno glorioso de Jesucristo se coloca al inicio de un largo período de paz y de bienestar universal que es inaugurado por la condescendiente aparición del Señor de la historia al final de la Gran Tribulación, purificación global que sella los Últimos Tiempos.

En sentido amplio, en palabras de Villasana, podemos estar seguros de que los Últimos Tiempos comenzaron ya con el retorno de los judíos a la tierra prometida, hecho que fue profetizado cientos de años antes de Cristo (Ez 37:21). Lo que falta, es saber cuándo comienzan los últimos siete años de este periodo, los de la “Gran Tribulación” descrita por los profetas Daniel, Isaías, Zacarías, por los Sinópticos y por Pablo de Tarso.

En efecto, la proclamación de independencia del Estado de Israel (1948) y la guerra de los Seis Días (junio de 1967) nos dieron la certeza de estar viviendo ya los Últimos Tiempos en sentido amplio, quedando únicamente por determinar el sentido estricto, es decir, el comienzo de la Gran Tribulación, comúnmente conocida como la “semana de Daniel”.

Setenta semana de Daniel

 

70 semanas de Daniel
70 semanas de Daniel

Gobierno global tecnocrático y ética mundial

Según Alberto Villasana, en su faceta de analista internacional, así como otros autores afines, los pasos de la ocupación global hacia un gobierno mundial tecnocrático que estamos viviendo en estos Últimos Tiempos, fueron claramente definidos por Albert Pike (Boston, 1809-1891), Gran Soberano del Antiguo y Aceptado Rito de la Francmasonería, en una carta que dirigió el 15 de agosto de 1871 a Giuseppe Mazzini, Gran Soberano de los Iluminados después de Adam Weishaupt, fundador de la cúpula de los iluminados el 1 de mayo de 1776. En ese documento, que estuvo depositado en la Biblioteca del Museo Británico en Londres, se establecía las tres guerras mundiales que habrían de provocarse para poder implantar el Nuevo Orden Mundial.

La Primera Guerra Mundial la emprenderían para destituir a los zares cristianos ortodoxos, sometiendo el vasto territorio ruso bajo el control de la élite globalista y poder usarlo de este modo como plataforma desde la cual difundir sus objetivos internacionalistas.

El Zar de Rusia Nicolás II y su familia canonizados por la Iglesia Ortodoxa Rusa
El Zar de Rusia Nicolás II y su familia canonizados por la Iglesia Ortodoxa Rusa

Un documento histórico de suma trascendencia fue la Declaración de Balfour (firmada el año 1917), donde se afirmaba que el gobierno británico veía favorablemente el establecimiento de la patria judía en Palestina, entendiendo que esto no perjudicaría los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías en Palestina. Esta declaración contó con el respaldo de varios países, incluyendo los Estados Unidos, y se convirtió en un documento importante después de la Primera Guerra Mundial cuando la Sociedad de Naciones le asignó al Reino Unido el mandato sobre Palestina.

La Segunda Guerra Mundial la realizarían exacerbando las diferencias entre el sionismo político y el nacionalismo germano, con el fin de consolidar y extender la influencia rusa y establecer en Palestina el Estado de Israel.

Nazismo
Nazismo

La Tercera Guerra Mundial la suscitarían, dice textualmente Pike, “exasperando las diferencias entre judíos y árabes para provocar un formidable cataclismo social que en todo su terror demuestre a las naciones el efecto del ateismo absoluto, origen de la barbarie y de la más violenta confusión. Entonces, las muchedumbres, desilusionadas con el cristianismo y no sabiendo a quién adorar, recibirán la verdadera luz de Lucifer, en una manifestación que será resultado del movimiento general reaccionario, siguiendo la destrucción del cristianismo y del ateísmo, ambos conquistados y exterminados al mismo tiempo”.

Albert Pike
Albert Pike
Obey New World Order
New World Order

Y es que, desde el punto de vista profético, Israel es el “reloj” de Dios, el cronómetro que nos dice cuán cerca ó lejos estamos de que concluyan los actuales tiempos de las naciones y de la Iglesia, y comiencen los tiempos mesiánicos del Reino de Cristo.

Gracias al profeta Ezequiel sabemos de qué manera Dios romperá su silencio, antes de que inicie el periodo de la Gran Tribulación. Él describe una batalla, comúnmente conocida como la “Guerra de Gog y Magog”, en que Dios destruirá portentosamente a una alianza de invasores que atacarán Israel, así como a las naciones de donde vinieron esos ejércitos.

La Guerra de Gog y Magog es un conflicto único en su cronología, en su propósito, en sus características y efectos sobre Israel y sobre el mundo entero.

Gog y Magog - Tercera Guerra Mundial
Gog y Magog – Tercera Guerra Mundial

Ezequiel predijo que, después de reunidos nuevamente en la tierra prometida, al final de los tiempos, los israelitas serán atacados por los enemigos del norte (países árabes) juntamente con Rusia: “He aquí que estoy contra ti, Gog, príncipe soberano de Mésec y Tubal (actual Rusia) (…) te sacaré con todo tu ejército (…) Con ellos están Persia (Irán), Cus (Etiopía) y Fut (Libia), todos ellos armados con escudo y yelmo. Gómer, con todas sus tropas, y la casa de Togarma (Turquía), desde el lejano norte con todas sus tropas y muchos pueblos contigo (…) Después de muchos años invadirás un país salvado de la espada, reunido de muchos pueblos a los montes de Israel (…) En los últimos días atacarás a mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra” (Ez 38, 3-8, 16).

Los Altos del Golán (mapa confeccionado por la CIA)
Los Altos del Golán (mapa confeccionado por la CIA)
Meguido
Meguido

A lo largo de los capítulos 38 y 39, los nombres de Gog y Magog son utilizados en forma conjunta como título que denomina la combinación de un gran adversario de Dios: Gog como un “príncipe”, y Magog como un país ó región. Dos veces utiliza “Magog” para indicar el territorio de donde es originario el líder denominado “Gog”, que en hebreo antiguo significa “encumbrado”. Al mencionar a Gog como proveniente del “lejano norte”, Ezequiel parece estar denotando el nivel máximo de autoridad dentro de una alianza de naciones de lo que hoy son las ex repúblicas soviéticas, territorio del antiguo reino de Anatolia y más allá del Cáucaso.

Llanura de Meguido - Israel
Oriente Medio

Esa guerra mundial, en la que varios países se unirán para atacar a Israel concluirá, dice Ezequiel, con una portentosa intervención divina que frustrará la invasión. Meses después tendrá lugar el falso acuerdo de paz firmado por el personaje a quien el profeta Daniel llamó la “cuarta bestia” (denominado por San Juan como el “anticristo”), el cual dominará el mundo durante siete años: “por otra semana sellará un pacto con muchos” (Dn 9, 27). Jesucristo llamó a ese periodo la “Gran Tribulación” y es la etapa en que la humanidad será purificada y preparada para su Retorno glorioso, acontecimiento que cierra los tiempos de la Iglesia y de las naciones, y da inicio a los nuevos tiempos mesiánicos del Reino de Dios en la Tierra.

Anticristo
Anticristo

La guerra contra Israel descrita por Ezequiel, y que es previa a los siete años de la Gran Tribulación, será abortada por una acción directa de Dios: “Sobre los montes de Israel caerás tú y todas tus tropas, y los pueblos que fueron contigo (…) Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré profanar mi santo nombre; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, el Santo en Israel” (Ez 39, 4, 7).

En ese contexto profético, actualmente la arquitectura del gobierno mundial tecnocrático va avanzando gracias a la construcción del cerebro digital global que es Internet. Es decir, la red conectada de todo con todo. El Internet de las cosas y de las personas puestas al servicio del poder desordenado, del control totalizante y del mal. Dicho gobierno mundial podría, si finalmente se impone, controlar a la humanidad en poco tiempo mediante un sistema económico biotecnológico y a través de la implantación generalizada del microchip.

Hall 9000
Hall 9000 – Inteligencia artificial…¿autoconsciente?

Por otro lado, va avanzando un nueva ética mundial que ha ido imponiéndose desde el final de la guerra fría en el siglo XX. Según la profesora Marguerite A. Peeters del Institute for Intercultural Dialogue Dynamics, inmediatamente después de la caída del muro de Berlín (1989) se produjo una revolución cultural global: nuevas palabras, nuevos paradigmas, normas, valores, estilos de vida, métodos educativos y procesos de gobernabilidad, pertenecientes a una nueva ética, se extendieron por todo el mundo y lograron imponerse. Se trata de un sistema ético postmoderno y, en sus aspectos radicales, postjudeocristiano. Se trata, además, de una normativa global; ya rige las culturas del mundo entero. La mayoría de los intelectuales y de los responsables de la toma de decisiones tienden a seguir las nuevas normas sin analizar cuidadosamente su origen y sus implicaciones, mientras que una minoría se mantiene contraria a la adopción de dicha ética mundial.

Los contenidos de la nueva cultura global no son evidentes por sí mismos. Bajo la apariencia de un “consenso suave”, según la profesora Peeters la ética mundial esconde un programa anticrístico enraizado en la apostasía occidental e impulsado por minorías poderosas que llevan el timón de la gobernabilidad mundial desde 1989.

Ética mundial
Ética mundial

Una nueva ética que proporciona a los nuevos paradigmas su configuración unificadora. La ética es mundial y ha sustituido a los valores universales sobre los que se fundó el orden internacional en 1945 y los Derechos Humanos proclamados en 1948, ya que ahora se consideran en parte obsoletos por la nueva visión de la tecno-globalización en la nueva era BioDigital del siglo XXI.

Eleanor Roosevelt sostiene la Declaración Universal de los Derechos Humanios en 1948
Eleanor Roosevelt sostiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948

El punto de partida y la meta de la ética mundial no coinciden con los del tradicional concepto de universalidad. Es imposible comprenderla sin relacionarla con la nueva “teología” que precedió a la revolución cultural global y que empujó la trascendencia de Dios al otro lado, fuera de la historia humana, colocando lo inmanente en manos del hombre.

Desde el conocimiento profético esta idea se expresaria del siguiente modo:

Vi al ángel que me dijo: – ¿Qué ves hijo de hombre? Y le dije: – Veo como las Tablas de la Ley de Moisés -; entonces me respondió:¡No lo son, aunque parecen! ¿No lo ha dicho ya el profeta Daniel?, el profeta dijo “intentará cambiar los tiempos y la ley; y le serán entregados en sus manos por un tiempo, por tiempo y por medios tiempos” (Daniel 7:25).

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789

Por lo tanto, se vislubra una línea fundamental que distingue el humanismo post-cristiano y las emergentes corrientes transhumanistas/posthumanistas de la nueva ética mundial, respecto de los principios universales de una ética basada en la ley natural y un humanismo cristiano genuino e integral impulsado por la salvación en Cristo.

Desde la cosmovisión cristiana caracterizada por la esperanza, el nuevo orden mundial y la globalización estan llamados a ser la civilización del amor.

En el documento “Compromiso por la edificación de la civilización del amor” presentado el 15 de diciembre de 1999, pocos dies antes de empezar el nuevo Milenio,  San Juan Pablo II hizo la siguiente reflexión: “Es preciso analizar con esmero las causas de la pérdida del sentido de Dios y volver a proponer con valentía el anuncio del rostro del Padre, revelado por Jesucristo a la luz del Espíritu. Esta revelación, no disminuye, sino que exalta la dignidad de la persona humana en cuanto imagen de Dios Amor”.

Cirio encendido
Luz del mundo

Ante el cambio de era que estamos viviendo, resulta cada vez más necesaria una labor de auténtico discernimiento y de inspirado entendimiento para comprender los cambios disruptivos que se estan ya produciendo.

Ambas capacidades – discernimiento y entendimiento sobre los acontecimientos históricos y sobre nuestra propia vida – son producto de la integración cognitiva y de la inteligencia espiritual de la que gozamos los seres humanos y que dificilmente podrá adquirir una inteligencia artificial o un futuro ser posthumano. Esa inteligencia espiritual viene completada muchas veces por lo que podemos denominar: el conocimiento profético.

ALBERT CORTINA. Abogado y urbanista
Director del Estudio DTUM
Barcelona, 24 de noviembre de 2019

PARA SABER MÁS:

VÍDEO: 2045 Iniciative: A New Era for Humanity

WEB: Últimos tiempos

https://www.ultimostiempos.org/es/temas/item/40-ultimos-tiempos.html

WEB: Institute for intercultural dialogue dynamics

http://dialoguedynamics.com/?lang=en

DOCUMENTO:  Compromiso por la edificación de la “civilización del amor” audiencia de Juan Pablo II el 15 de diciembre de 1999.

https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/audiences/1999/documents/hf_jp-ii_aud_15121999.html

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Albert Cortina
(Barcelona, 1961) es abogado y urbanista. Impulsa un HUMANISMO AVANZADO para una sociedad donde las tecnologías exponenciales estén al servicio de las personas y de la vida, y no al revés. En este sentido, promueve la integración entre ciencia, ética y espiritualidad. Cree que conectar el cerebro con el corazón es un magnífico camino a recorrer. A partir de esa cosmovisión, se dedica a capacitar a las personas mediante la INTEGRACIÓN de la responsabilidad tecnológica, ambiental y social, desde los principios y valores de una ÉTICA UNIVERSAL aplicada a los desafíos del futuro y a la innovación para el desarrollo sostenible. Su principal vocación es ser mediador, facilitador, tender puentes y gestionar de forma integrada ideas, valores y proyectos a favor del BIEN COMÚN. Como director del Estudio DTUM (acrónimo de Derecho, Territorio, Urbanismo y Medio Ambiente), se dedica desde hace más de veinticinco años a la ordenación de la ciudad y del territorio, a la preservación de los espacios naturales, a la custodia de la biosfera y a la intervención y gestión del paisaje. Es consultor en inteligencia ambiental y en ecología integral. Imparte docencia y realiza investigación sobre ética aplicada al urbanismo y a la ordenación del territorio en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Universidad Politécnica de Cataluña y en otras universidades y centros de investigación. Personalmente cree que la trascendencia nos configura como seres humanos y por eso cultiva su interioridad y su inteligencia espiritual mediante la conversión del corazón. Actualmente focaliza su atención en la preservación de la CONDICIÓN HUMANA, desde una antropología que priorice el desarrollo integral de la persona, con el objetivo de capacitarnos para esta sociedad biotecnológica y para la revolución de la inteligencia artificial. Coautor y coordinador, junto con el científico Miguel Ángel Serra, de la trilogía de libros ¿HUMANOS O POSTHUMANOS? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano (Fragmenta, 2015), HUMANIDAD∞. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes (EIUNSA, 2016) y SINGULARES. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional (EIUNSA, 2016). Es también autor del libro HUMANISMO AVANZADO para una sociedad biotecnológica (Teconté, 2017).

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