Albert Cortina

Hace pocos días leí este titular: “Una feminista lesbiana manifiesta a Fox News que los transgénero son un peligro para las mujeres y confirma que el LGBT se mueve hacia el transhumanismo”.

La noticia se refería a una entrevista realizada en febrero de este año por el comentarista político conservador estadounidense Tucker Carlson a Julia Beck, expulsada de una comisión LGBT creada en Baltimore (EEUU) para asesorar a los funcionarios y a las agencias de la ciudad. La citada activista afirmó, entre otras cosas, que “las siglas LGBT no comparten muchas cosas ya que lesbianas, gays y bisexuales son realidades basadas en el sexo y la biología, en tanto que la T, de transgénero se basa en la identidad de género, que no está fundamentada en una realidad biológica sino que contradice la realidad biológica”. Por este motivo, según Beck, “LGB no deberían estar junto a la T, en el mismo acrónimo”. Al finalizar la entrevista, Julia Beck dejó caer esta afirmación: “la ciencia ha superado el sexo”.

Según nos dicen los expertos, en un futuro inminente las tecnologías permitirán experimentar nuestra sexualidad de formas menos corpóreas y más virtuales. Nos anuncian como tendencias el cibersexo y el sexting, la pornografía en realidad virtual, las experiencias sexuales en realidad aumentada y la posibilidad de desarrollar programas y tecnologías capaces de permitirnos tener relaciones sexuales con un holograma, alcanzando unas cuotas de inmersión tanto o más reales que las físicas o corporales. Y nos preguntamos, ¿hacia qué futuro nos lleva este presente?

La ideología transhumanista promueve la idea de que las biotecnologías de mejoramiento humano (human enhancement) deberían estar ampliamente disponibles; que los individuos deben tener total discrecionalidad sobre cuál de estas biotecnologías aplican a sí mismos – lo que se llama libertad morfológica -, y que los padres normalmente deberían decidir a qué biotecnologías reproductivas deben recurrir al tener sus hijos – lo que se llama libertad reproductiva-. La pregunta es ¿hasta dónde?

Hombre transgénero embarazado
Hombre transgénero embarazado

El filósofo futurista y transhumanista libertario Max More ya en 1995 explicó que los transhumanistas buscan la continuación y aceleración de la evolución de la vida inteligente más allá de su forma humana actual y sus limitaciones mediante la ciencia y la tecnología, guiados por principios y valores de la promoción de la vida.

Desde una visión de post-género, la bióloga y filósofa norteamericana Donna Haraway en su ensayo publicado en 1985 y revisado en 1991 “El Manifiesto Ciborg”, buscando una alternativa al sistema patriarcal y al feminismo esencialista proponía erradicar el género. Por ello, la idea del ciborg le resultó ad hoc al contexto que pretendía mostrar. Un ser fusionado entre hombre-máquina que no necesitaría distinciones. Y es que en el pensamiento de Haraway había la creencia de que no hay diferencias entre vida natural y máquinas artificiales hechas por el hombre.

Exmachine
Exmachine

Siguiendo las propuestas pioneras de Haraway, actualmente algunos movimientos ideológicos pretenden acabar con la cosmovisión de ley natural que establece que sólo hay hombres y mujeres, introduciendo la idea de que también hay personas intergénero, transgénero, transexuales … y así hasta al menos 37 tipos diferentes de género. Atrás ha quedado también, según estas corrientes ideológicas, el tener que elegir entre seguir una condición heterosexual, homosexual o bisexual. Ahora ya plantean el ser pansexual, demisexual o queer, entre muchas otras opciones que ofrecen.

Dentro del género trans, personas que se cambian de sexo, existen según esta ideología, varias categorías: transgénero, hombre trans, persona trans, mujer trans, female to male, male to female, transfemenino, transmasculino, transexual, mujer transexual, hombre transexual y persona transexual. Algunos pueden parecer lo mismo, pero se definen por este movimiento ideológico como diferentes.

¿Cuál es mi identidad?
¿Cuál es mi identidad?

Pero la cosa no se queda ahí, también se puede ser andrógino (mezcla entre mujer y hombre), neutrois (género neutro, ni hombre ni mujer), personas de sexo no ajustado (no se quieren calificar ni como hombres ni como mujeres) y berdache (personas que se visten con ropa asociada al sexo opuesto).

Finalmente, para el movimiento ideológico descrito, hay otras identidades como no-binario, agénero, bigénero, género fluido, pangénero, poligénero o intergénero.

Como vemos, todas estas corrientes ideológicas plantean la disolución de la naturaleza humana, su abolición para crear otra condición diferente, incluso no humana. Tal vez una nueva naturaleza posthumana. Algunos representantes de estos movimientos no se detienen en las identidades de género o en los humanos aumentados o tecno-potenciados sino que van más allá, hasta concebir la noción de transespecie.

Transespecie que se siente elfo
Transespecie que se siente elfo

En Barcelona (España), la Transpecies Society es una asociación que da voz a las identidades no humanas. Según sus impulsores esta comunidad “aumenta la conciencia sobre los retos a los que los transespècie se enfrentan; aboga por la libertad de autodiseño y ofrece el desarrollo de nuevos sentidos y órganos”. Así, el movimiento transespècie se inspira en una visión no jerárquica de la naturaleza y en la voluntad de percibir de otro modo lo que supone, por tanto, modificar la propia identidad.

Estamos ante la expansión de estos movimientos transgénero y transespècie con connotaciones transhumanistas y posthumanistas. Todos ellos afirman que tú eliges qué y cómo quieres sentir y lo que quieres ser. Lo cual, no sólo permite dotarnos de otra identidad, sino que también permite adquirir otro lenguaje y otro discurso.

Sin embargo, en mi opinión, el derecho al propio cuerpo debemos entenderlo en el sentido en que ha sido establecido en ciertos textos jurídicos, por ejemplo, en la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO de 2005. De estos textos se deduce que la identificación e interpretación de estos derechos no puede hacerse al margen de una teoría moral. Pero, ¿de qué moral y ética universal estamos hablando para el siglo XXI?

ALBERT CORTINA. Abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM

28 de agosto de 2019

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Albert Cortina
(Barcelona, 1961) es abogado y urbanista. Impulsa un HUMANISMO AVANZADO para una sociedad donde las tecnologías exponenciales estén al servicio de las personas y de la vida, y no al revés. En este sentido, promueve la integración entre ciencia, ética y espiritualidad. Cree que conectar el cerebro con el corazón es un magnífico camino a recorrer. A partir de esa cosmovisión, se dedica a capacitar a las personas mediante la INTEGRACIÓN de la responsabilidad tecnológica, ambiental y social, desde los principios y valores de una ÉTICA UNIVERSAL aplicada a los desafíos del futuro y a la innovación para el desarrollo sostenible. Su principal vocación es ser mediador, facilitador, tender puentes y gestionar de forma integrada ideas, valores y proyectos a favor del BIEN COMÚN. Como director del Estudio DTUM (acrónimo de Derecho, Territorio, Urbanismo y Medio Ambiente), se dedica desde hace más de veinticinco años a la ordenación de la ciudad y del territorio, a la preservación de los espacios naturales, a la custodia de la biosfera y a la intervención y gestión del paisaje. Es consultor en inteligencia ambiental y en ecología integral. Imparte docencia y realiza investigación sobre ética aplicada al urbanismo y a la ordenación del territorio en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Universidad Politécnica de Cataluña y en otras universidades y centros de investigación. Personalmente cree que la trascendencia nos configura como seres humanos y por eso cultiva su interioridad y su inteligencia espiritual mediante la conversión del corazón. Actualmente focaliza su atención en la preservación de la CONDICIÓN HUMANA, desde una antropología que priorice el desarrollo integral de la persona, con el objetivo de capacitarnos para esta sociedad biotecnológica y para la revolución de la inteligencia artificial. Coautor y coordinador, junto con el científico Miguel Ángel Serra, de la trilogía de libros ¿HUMANOS O POSTHUMANOS? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano (Fragmenta, 2015), HUMANIDAD∞. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes (EIUNSA, 2016) y SINGULARES. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional (EIUNSA, 2016). Es también autor del libro HUMANISMO AVANZADO para una sociedad biotecnológica (Teconté, 2017).

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