Autor: Albert Cortina

La despersonalización del globalismo

Si las utopías de los siglos XIX y XX se nutrieron básicamente de la “cuestión social”, en el siglo XXI la [dis]topía posthumanista se nutrirá de la “cuestión antropológica”. Este desafío antropológico será evidente en todos los proyectos de ingeniería social del Nuevo Orden Mundial.

En efecto, en el mundo globalizado que se va configurando, el transhumanismo pretende iniciar una época nueva de la historia y de la evolución en la que se habrá superado y desbordado el “tiempo antiguo”, es decir, el de los “humanismos”. Y ello gracias a los avances y al progreso producido por las tecnologías disruptivas aplicadas a todos los ámbitos de lo que hasta ahora hemos llamado “vida humana”.

La Escuela de Atenas. Rafael (Vaticano)

Tal y como señala Agustín Domingo Moratalla – profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valencia (El Debate de hoy, 2019)- lo más importante de este cambio de paradigma será la previsible “despersonalización del mundo” de la que se nutre esta [dis]topía posthumanista.

[Dis]topía posthumanista
Al focalizar las dinámicas del conocimiento y su aplicación en esta dirección posthumana, según el profesor Domingo Moratalla se está generando un nuevo horizonte utópico con el que promover trayectorias para un “verdadero progreso de la humanidad” que en realidad pueden llevar a un retroceso de la civilización.

Con las nanotecnologías, las biotecnologías, las neurociencias, la inteligencia artificial, la computación cuántica, la tecno-religión, etc. el transhumanismo/posthumanismo puede llegar a ser mucho más que una ideología de la hipermodernidad. En realidad, el transhumanismo/posthumanismo puede convertirse en la nueva utopía (o mejor dicho, distopía) del siglo XXI al prometer dejar atrás – como ya lo hace la eugenesia liberal- la discapacidad, lo imperfecto, el sufrimiento, la vulnerabilidad, la fragilidad, el envejecimiento, la caducidad, nuestra mortalidad, y en definitiva, todo lo que nos hace humanos, para esperar una especie de “salvación” mediante el advenimiento de una nueva condición posthumana.

Eugenesia liberal

Esta nueva especie posthumana seria el producto de la mejora biotecnológica de la naturaleza humana que perseguiria, en realidad, hacer más “perfectos” y “singulares” solo a unos pocos individuos y no a todas las personas que constituyen la familia humana.

Naturaleza humana
Cartografías del devenir corporal. Las fronteras entre ciencia ficción
y realidad social son una ilusión óptica.
Donna Haraway
(Manifiesto Cyborg, 1985)

Según el profesor Domingo Moratalla, el transhumanismo y el posthumanismo se nutren de la “despersonalización del mundo” que se está acelerando en la actualidad.

Desde mi punto de vista, esta despersonalización se produce cuando nos pensamos como meros “individuos” y no como “personas” dotadas de dignidad y libertad. Por otro lado, desde una cosmovisión cristiana todavía podemos ir más allà del concepto de persona al hacernos conscientes de que cada uno de nosotros somos “hijos de Dios” creados a su imagen y semejanza.

Despersonalización

Aquí el humanismo avanzado y la ética del personalismo comunitario tienen todo un programa de actuación para proponer al mundo una antropología adecuada para el siglo XXI, es decir, una “cuestión antropológica” que evite – como señala Domingo Moratalla – la “desnaturalización de la voluntad, la descorporalización de la inteligencia y la desdiferenciación de la sexualidad”.

Condición posthumana

Deconstruir ilimitadamente la naturaleza humana, separar mente y corporalidad como los gnósticos separan alma y cuerpo, o establecer una libertad morfológica radical para que el género acabe siendo fluido, los cuerpos se hibriden con las máquinas convirtiéndonos en ciborgs o traspasemos las fronteras de las especies hacia una identidad transespecie forma parte de la ideología transhumanista y de la [dis]topía posthumanista que avanza aceleradamente junto con la agenda globalista secular.

Género fluido
Ciborgs i transespecie

Ética del personalismo comunitario

En mi opinión, ante la [dis]topìa posthumanista, necesitamos una ética universal basada en la ley natural como regla de conducta prescrita por el Creador en la constitución de la naturaleza humana con la cual nos ha dotado.

Para Santo Tomás de Aquino la ley natural es “nada más que la participaciòn de la criatura en la ley eterna” ( I-II.94). Dicha ley eterna es la sabiduría de Dios, puesto que ella es la norma directiva de todo movimiento y acción en el conjunto de la Creación.

También necesitamos una autentica cultura al servicio de la persona. Una ética sustentada en el cuidado y en la confianza entre los seres humanos como elemento fundamental del humanismo avanzado que propongo para la sociedad biotecnológica del siglo XXI.

Por otra parte, el personalismo comunitario, como corriente filosófica fundada por Emmanuel Mounier (1905-1950) e inspirada en el pensamiento de Charles Péguy (1873-1914), puede ser también la base que dé unidad a todas las microutopías humanizantes existentes, que las sostenga y oriente hacia un horizonte de futuro basado en el bien común.

Emmanuel Mounier

En efecto, el personalismo comunitario nos ofrece una visión humanista avanzada y renovada que permite a la persona desarrollar su propio proyecto vital, manifestarse desde su singularidad, excepcionalidad y diversidad, ser un fin en sí mismo y nunca un medio, en comunión con el resto de sus semejantes, para poder centrarse, de este modo, en lo que de verdad importa al ser humano para ser plenamente feliz.

Así, el personalismo comunitario y el humanismo avanzado fomentan que la persona se desarrolle de forma integral a través de todas sus dimensiones, desde su dignidad, ejercitando su plena libertad, esforzándose por alcanzar la justicia social, custodiando la creación desde una ecologia natural y humana integral, con visión trascendente y siendo plenamente consciente de su inteligencia espiritual.

En definitiva, el personalismo comunitario puede contribuir a un nuevo Renacimiento humanista para el presente siglo XXI y permitir a cada persona ser luz en un mundo que irreversiblemente ya es global.

De este modo, una ética del personalismo comunitario para esta nueva era de la humanidad se enfrentaría al “globalismo” (término distinto al fenómeno de la globalización)  construido fundamentalmente desde la ideología neoliberal, sorprendentemente hibridado con lo que ha venido a denominarse como “marxismo cultural”, ambas tendencias complementarias  del materialismo ateo y de la nueva religión secular universal, ideologías actualmente muy implementadas y con vocación hegemónica y constitutiva del Nuevo Orden Mundial.

Dicho globalismo – que busca colonizar todos los rincones del planeta, así como nuestras mentes-  antepone el dinero y el beneficio financiero por encima de cualquier realidad y necesidad humana.

Moneda virtual y digital
Biopago y microchip

En este contexto, una ética basada en el personalismo comunitario lucharía contra el fundamento de dichas ideologías deshumanizadoras, que únicamente pretenden obtener un biopoder totalizador, así como el control tecnológico de unos pocos, pasando por encima de todo lo que se les oponga a su agenda mundialista contraria a la persona humana y a las redes de vida que conforman nuestra casa común.

Control mental y biopoder

Antropología adecuada desde un humanismo avanzado

En realidad lo que estamos viviendo – según el papa emérito Benedicto XVI – “es un momento de aniquilación del hombre como imagen de Dios. Es la época del pecado contra Dios creador”.

Con estas palabras, Benedicto XVI se refiere a como en esta etapa final, definitiva, enaltecidos en su máxima expresión el materialismo ateo, la nueva religión secular universal y la agenda globalista deshumanizante, se pretende la creación de un nuevo sujeto transhumano/posthumano que no sólo no tenga nada que ver con el concepto de persona que hemos conocido hasta ahora desde la tradición judeocristiana, sino que además, posea una estructura radicalmente opuesta a la moldeada por el Dios Trinidad que la cosmovisión cristiana considera como el Creador.

Benedicto XVI coincide con este diagnóstico al afirmar, en su encíclica Caritas in veritate (2009), que “hoy la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica”.

Caritas in veritate

Desde mi punto de vista, en estos tiempos que nos ha tocado vivir, evangelizar la globalización y proponer a la humanidad una antropología adecuada resulta una misión apasionante.

Desde la cosmovisión cristiana, el Espíritu sopla extraordinariamente en estos momentos – en realidad, nunca ha dejado de hacerlo a lo largo de la historia humana- al poner el acento de la nueva evangelización en la conversión personal, desde el asombro ante el misterio de la Creación y la adoración al Creador que nos ofrece el don generoso de su infinita Misericordia.

La vida humana es un don recibido gratuitamente

Por todo ello, al adentrarnos en el siglo XXI, resulta urgente proponer al mundo una antropología adecuada ante los desafíos que plantea la ideología transhumanista y la [dis]topia posthumanista, para evitar, de este modo, la aniquilación de la naturaleza humana y el concepto mismo de persona.

ALBERT CORTINA. Abogado y urbanista
Director del Estudio DTUM
Barcelona, 8 de marzo de 2020

PARA SABER MÁS:

VÍDEO: La [DIS]TOPÍA POSTHUMANISTA. Conferencia de Albert Cortina en La Térmica (Málaga- España).

VÍDEO: “Debemos poner las tecnologías al servicio de las personas y de los derechos humanos” Albert Cortina

VÍDEO: Transhumanismo: Discernimiento ético partiendo de una antropología adecuada. Mons. José Ignacio Munilla

VÍDEO: Canción escrita por una inteligencia artificial y cantada por un algoritmo.

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Albert Cortina
(Barcelona, 1961) es abogado y urbanista. Impulsa un HUMANISMO AVANZADO para una sociedad donde las tecnologías exponenciales estén al servicio de las personas y de la vida, y no al revés. En este sentido, promueve la integración entre ciencia, ética y espiritualidad. Cree que conectar el cerebro con el corazón es un magnífico camino a recorrer. A partir de esa cosmovisión, se dedica a capacitar a las personas mediante la INTEGRACIÓN de la responsabilidad tecnológica, ambiental y social, desde los principios y valores de una ÉTICA UNIVERSAL aplicada a los desafíos del futuro y a la innovación para el desarrollo sostenible. Su principal vocación es ser mediador, facilitador, tender puentes y gestionar de forma integrada ideas, valores y proyectos a favor del BIEN COMÚN. Como director del Estudio DTUM (acrónimo de Derecho, Territorio, Urbanismo y Medio Ambiente), se dedica desde hace más de veinticinco años a la ordenación de la ciudad y del territorio, a la preservación de los espacios naturales, a la custodia de la biosfera y a la intervención y gestión del paisaje. Es consultor en inteligencia ambiental y en ecología integral. Imparte docencia y realiza investigación sobre ética aplicada al urbanismo y a la ordenación del territorio en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Universidad Politécnica de Cataluña y en otras universidades y centros de investigación. Personalmente cree que la trascendencia nos configura como seres humanos y por eso cultiva su interioridad y su inteligencia espiritual mediante la conversión del corazón. Actualmente focaliza su atención en la preservación de la CONDICIÓN HUMANA, desde una antropología que priorice el desarrollo integral de la persona, con el objetivo de capacitarnos para esta sociedad biotecnológica y para la revolución de la inteligencia artificial. Coautor y coordinador, junto con el científico Miguel Ángel Serra, de la trilogía de libros ¿HUMANOS O POSTHUMANOS? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano (Fragmenta, 2015), HUMANIDAD∞. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes (EIUNSA, 2016) y SINGULARES. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional (EIUNSA, 2016). Es también autor del libro HUMANISMO AVANZADO para una sociedad biotecnológica (Teconté, 2017).

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